A mediados de 2002 decidí viajar a París con mi madre, que iba durante seis meses a trabajar. Al cabo de ese tiempo volvería con ella y me dedicaría a realizar la película (aún incierta) con la cual me graduaría de mis estudios de cine en Bogotá. Antes de irme, mi padre me regaló una pequeña cámara de video handycam. Una vez en París, el deseo de quedarme más de seis meses se fue imponiendo en mí. Hice lo posible para inscribirme en una universidad. En noviembre de 2002 supe finalmente que había sido admitida en filosofía. Podría entonces quedarme más tiempo en París. Pero abandonaba al mismo tiempo mis estudios de cine en Bogotá. Años después caí en cuenta de que fue en ese mismo período que empecé a grabar mi primer diario en video. Con este mismo diario editado (Frente al espejo) me gradúo hoy de estudios de cine en París. El día en que tomé la cámara para comenzar el diario, lo primero que hice fue grabar solamente mi voz diciendo la fecha sobre una imagen negra (dejando la cámara tapada). Luego llegó la imagen: dos pares de zapatos bien puestos sobre un pequeño tapete en una esquina de nuestra casa provisional de París. Era una imagen de lo cotidiano, que no pretendía decir algo específico. Fue un gesto para mi misma, pues se trataba de un verdadero diario íntimo, que no pensaba mostrar, y también un gesto espontáneo, intuitivo, no reflexionado, sin intención particular. El gesto se dio en aquel momento. Ahora entiendo esa imagen como un comentario visual del día que estaba viviendo. Así entiendo igualmente todas las otras imágenes grabadas posteriormente, como comentarios sintéticos (siempre cortos –segundos o pocos minutos–) de lo que vivía el día o el momento en que grababa, precedidos de mi voz diciendo la fecha de cada día sobre negro. Hoy sigo grabando de la misma manera mi diario, que se ha vuelto una práctica esencial en mi vida. La decisión de hacer un diario en video implicó el preguntarme sobre su especificidad con respecto a los diarios escritos (que escribo regularmente y desde la infancia). Desde el principio asumí esta práctica como una exploración constante del lenguaje audiovisual, con la cual busco expresar el sentimiento, la sensación particular, el estado de ánimo en el cual me encuentro en el momento en que grabo, con la imagen, el sonido directo, los movimientos de cámara, lo que se ve y lo que no se ve en la imagen. Siempre he querido evitar la palabra, el relato hablado. No hay una razón pensada, reflexionada racionalmente, ni una escritura, que me guíen en el momento de tomar la cámara para filmar. Así, la preocupación por crear narración no tiene lugar cuando grabo –viene después, en el momento de la edición–. Los elementos que aparecen en el diario son todos aquellos que están a disposición en la vida cotidiana; objetos personales, de la casa, fotos colgadas en los muros, rayos del sol sobre el piso, la lluvia, el cielo a través de la ventana, las personas que me rodean… Hay un ejercicio de síntesis en esa exploración, pues grabo muy poco, trato de captar imágenes que condensen el ambiente exterior o mi ambiente interior. La exigencia de una imagen sintética y condensada hace necesario un ejercicio de la mirada. Paralelamente al ejercicio de la mirada, sucede que la vida transcurre y en ciertos momentos percibo algo como una pausa, un reposo del mundo y mío; el espíritu parece posarse, detenerse un instante y alejándose de la velocidad, de la dispersión del día a día, aproximándose a un estado contemplativo, acoger el mundo que me rodea. Se podría incluso decir que ese reposo del espíritu permite al fin una mirada, ser espectador de la vida momentáneamente en un canto de pájaros, en un gato, la ventana de un vecino, un reflejo… Luego se trata de intentar grabar como miro. La contemplación es entonces en este caso activa, pues se da con la acción de grabar. La imagen captada por la cámara cada día es un presente vivido, y es también un presente en la medida en que yo estoy presente en el momento en que filmo. Es un momento de presencia intensa, en el que estoy ahí, en ese instante, conmigo misma y con el mundo. Así, el diario está exclusivamente compuesto de presentes. Éstos se vuelven posibles, probables, por el hecho de hacer un diario, que es un elemento de un modo de vida particular. Incluso si no grabo todos los días, pues nunca me obligo a hacerlo, la práctica del diario es constante, cotidiana. Paralelamente a la práctica concreta, es decir al hecho de grabar, a la exploración con la cámara, existe toda una elaboración mental que es a veces conciente, pero que se desarrolla la mayor parte del tiempo en un lugar profundo del pensamiento alejado de la conciencia. El hacer el diario siempre está presente, así no grabe (durante un día o varios meses). La vida íntima, la intimidad, que no está para mi ligada a la prohibición, a la censura, al secreto, sino que entiendo como una riqueza interior que se encuentra en el fondo de nosotros, me da los elementos para una mirada subjetiva, propia. Esta mirada me permite apropiarme del mundo, construir un mundo que me sea propio. Así, me construyo al mismo tiempo un lugar en el mundo, poniéndome en relación con él de una manera particular. Mi vida es el material de trabajo, de experimentación audiovisual. Es el pretexto para trabajar audiovisualmente, y no el objetivo. El fin del diario no es hablar de mi vida, ni contarla. No creo tener ningún interés exhibicionista en contar mi vida íntima públicamente. Lo que me interesa, es poder compartir sensaciones, percepciones, estados de la intimidad con los espectadores. El carácter elíptico del diario, hecho de fragmentos de momentos de cada día, permite al espectador crearse su propia historia. Los silencios entre cada fragmento son como espacios en los que cada espectador aloja su historia, probablemente ligada con su propia vida. Mi vida, materia prima con la cual trabajo, es al mismo tiempo soberana. El diario sigue la vida, capta momentos de su transcurrir, no la dirige, ni la fuerza. La vida es la materia de trabajo del diario. El diario, inversamente y como dando a su vez, es un rico material para trabajar mi vida. A.M.S.
Creo que para todos los artistas el hecho de extraer de su subconsciente un concepto para crearlo, plasmarlo y luego publicarlo, plantea dar ese paso de lo privado a lo público. Por supuesto que no siempre el concepto de la obra en sí habla de lo íntimo. En mi caso si. La forma de trabajo me lleva a tratar de definir una búsqueda de lo que soy como individuo y a su vez reconstruye lo que es el mundo y nuestras vidas. Así, aunque la obra es intimista, trasciende a lo universal. Para mi la pintura es un alivio, es el lugar en donde descargo tanta congestión de información e interacciones diarias. Estas telas que reproduzco, en un acto casi obsesivo, en su proceso intentan descifrar el sentido de lo que somos. Son telas que requieren de mucho tiempo y paciencia en donde los elementos, o el patrón se repite una y otra vez como en un acto de cuestionamiento constante. Una vez terminadas se disipa la complejidad de cómo se creó y lo remplaza un sentido de unidad y continuidad. Además, después de ser reproducidas, pintadas, borradas, lijadas y vueltas a pintar en una construcción/deconstrucción, se percibe un espacio físico y real que a su vez conlleva una atmósfera muy familiar. Los espacios creados se muestran enigmáticos y surreales, funcionan como vehículos de transporte. Las telas de los fondos de mis pinturas dan una noción de ser parte de algo más –casi como un pedazo de tela que se cortó de un rollo que a su vez venía de una producción más grande– igual que la relación del individuo con el mundo exterior, de la humanidad con el universo. El ser parte de un todo. Acompañando los espacios, aparece mi imagen que cuestiona mi presencia en esos espacios o en el espacio real. Casi como en un performance que invita al espectador a que me acompañe en la búsqueda. La idea de la introspección está completamente ligada al procedimiento de la creación de la obra, cada obra es una consecuencia de la anterior. En realidad no creo que uno esté tan consciente de esta introspección o del “cuestionamiento constante” que trae día a día la pintura. El artista está ocupado y sumergido en la obra buscando lograr una composición en donde los elementos se encuentran para completar una obra que funcione en su totalidad. Que exista por sí sola. El manejo del espacio, el tiempo, el juego con la perspectiva, la luz, la sombra, lo físico y lo tangible, lo espiritual y misterioso conforman una alquimia que procura definir todo el esfuerzo de la creación. Cuando termino una obra, pese a que el sentido de crecimiento y evolución es inmenso, se procede al siguiente lienzo, éste se convierte en el receptor que transmite lo que soy y lo que somos. No creo que el concepto se deje quieto en ningún momento. Tal vez se aleja de la obra por un tiempo para después volver a expresarse ya en una forma distinta. Reflexionando un poco en el trayecto de mi obra, podría decir que muchos de los conceptos que están ligados a nuestras vidas persisten: lo teatral, las dualidades, el reflejo, la luz, la oscuridad, el autorretrato, el paso del tiempo, la continuidad, la búsqueda. Parece increíble saber que después de tanto tiempo uno sigue planteando las mismas preguntas. Llego a la conclusión que lo importante es que sigamos preguntándonos para continuar evolucionando. S.P.L.
Mis personajes son seres equivalentes a mi misma, a mi propia familia o a los habitantes inmemoriales de los cuentos de hadas. Los actores o seudo–actores que representan estos personajes son personas anónimas que ubico por medio de un proceso de casting. Estos personajes, son disímiles, representan diversas categorías de mi historia personal, de mi psiquis. Una niña–princesa, un abuelo arquetípico, un ogro, una mamá oso, una muñeca humanizada, un príncipe conejo. Todos son esencialmente cómplices de una historia íntima. Creo que mis personajes representan cierto grado de frustración e inadaptación a un “Statu quo” que no parece cumplir con ciertas expectativas, que no se sujeta a un interpuesto paradigma de “mundo ideal”. A. D.
Hay ciertas fuerzas que encuentro en los materiales, ya sea por su naturaleza, por la forma de ser usados, la historia que llevan consigo o posiblemente por compartir sus largas o cortas jornadas con los seres del mundo. En mi obra denominada Vísteme la tela se descubre en su contacto con el cuerpo, se acoge la costura como procedimiento para la creación de piezas que hacen alusiones a la intimidad de la piel en su habitual cercanía con la vestimenta. Poseo una conciencia de cómo el paso del tiempo deja en las cosas un velo que detiene de forma indefinida cierta información. Tomo ésto como punto de partida en mis trabajos en donde es significativo lo que deseo expresar y con igual atención reflexiono los materiales a través de los cuales me comunico. En Vísteme se manifiesta la estética del diseño original de cada uno de los encajes procedentes de ropa interior femenina. Enhebro cabello y con él bordo los dibujos de flores y líneas curvas con el cuidado que tendría al suturar la piel, ya que cada pieza por asociación es pubis que se convierte en tela. Así, cuerpo y objeto se fusionan de una manera sutil como la del erotismo evocando la piel que insinúa un develamiento y plantea una acción: “vísteme despacio que estoy de prisa” –texto bordado con cabello en donde se plasma el tránsito entre vestido y desnudez–. Este trabajo se revela en el espacio desde la distancia con una mirada que contempla pequeños elementos que parecen camuflarse con la pared. En la cercanía se sigue la invitación a detenerse en el detalle y a pensar en el tiempo del contacto íntimo con cada pieza para lograr el objetivo en el bordado meticuloso. A.R.
El arte tiene una estrecha relación con lo verdadero, la obra de arte no se interpreta a sí misma así que no tiene posibilidad de engaño, no ocurre lo mismo con la palabra, en ella hay intenciones, una necesidad de manifestarse, hay un desocultamiento. Todas las cortinas cerradas, la seguridad viene de allí, las abro de vez en cuando para hacerme creer que lo he superado todo, que he alcanzado la normalidad en mi vida. Subo la persiana de mi cuarto, la luz cae directamente sobre la cama destendida y siento un poco de vergüenza. Mejor la cierro otra vez, no lo he superado todavía, no vaya a ser que se enteren los vecinos. Anoto: Tenía cuatro años, la directora del colegio no quería recibirme, mi mamá la convenció para que me hiciera un examen, no recuerdo bien en que consistía, sólo que al final debía hacer un dibujo, me tomé mi tiempo y lo hice lo mejor que pude, cuando la directora lo vio no supo qué era y me pidió una explicación, lo miré bien y era un establo con una oveja, pero si lo volteaba era una familia, así que dije que era un establo pues me pareció más apropiado para impresionar a una señora poco impresionable (una familia la hace cualquiera). Cuando era niña creía que todas las sensaciones físicas y anímicas tenían un nombre. Recuerdo que después de bañarme, al momento de vestirme, me sentía incómoda, pensaba en la desnudez y me daba un vacío en el estómago, le preguntaba siempre a mi madre cómo se llamaba aquello y ella siempre decía: vergüenza; pero no, era algo distinto y no tenía nombre, trataba de definirlo lo mejor posible sin nombrarlo, quise ser fiel a las palabras. Hoy tuve una de esas impresiones sin nombre, estaba en la cocina preparando café, todo estaba ordenado, los platos en su lugar, música de fondo, el olor a café, mis pies cabían en una baldosa y muchas imágenes rondaban en mi cabeza; pensé en ese momento y me sentí afortunada. Imaginé mi cuarto sin mí, libros a medio leer, cartas guardadas en cajones (¿todas las cartas son de amor?), las flores rosa del papel tapiz, la cama de niña y mis libros terminados (gritito de emoción). Me apaño de la idea de mí misma, me apaño de mí, una visión impresionista. Me sentí bien, recorrí la casa, en felicidad estática; es un sentimiento sin nombre, el que me sienta satisfecha y pueda dibujar y escribir sin ningún autorreproche, sin sentirme indigna del placer de crear. Dibujos sin sujeto, sensaciones sin nombre, es casi irreal, podría llamarlo la edad adulta. Viví gran parte de mi vida en una casa en medio de un bosque, en un bosque en medio de la ciudad, a través de los árboles veía el humo de las chimeneas industriales; en ese entonces entendía, porque lo entendía todo, y sabía lo que hay que saber; a veces sueño que sigo ahí, y para mi asombro todos los bosques son ese, todas las casas son esa; así como todos mis grandes amores son uno sólo. Creo que los libros son así, uno y todos, tienen la emoción de una fotografía velada por la acción del recuerdo. Cuando veo que ya todo está allí siento algo irreparable, nada de arrepentimientos tardíos. En el libro abierto, alguien se desplaza. Está allí y es una prueba de que existo y pienso y siento y me muevo. He terminado, he sabido terminar. C.J.Q.
Lo íntimo ha estado inmerso de alguna manera en el proceso de creación, en el taller, en todos esos elementos ocultos en la casa, así como lo adquirido cuando se trabaja afuera en la calle, porque lo íntimo también involucra lo externo por supuesto. Pero cuando se aborda en una obra, el carácter íntimo cambia también, porque ya se está exhibiendo. Por eso también influye la manera en como se muestra la obra, si la intención es el no perder totalmente esa condición íntima en contraste con el público que la mira. De modo que lo íntimo podría hallarse en los métodos de trabajo, la toma de fotografías, los dibujos y esos apuntes en las libretas, que conforman esos diarios que son solo nuestros y que identifican algo que se guarda para sí mismo. De todo este material, en ocasiones se evidencian algunos de estos elementos para conformar una obra. No todos nuestros trabajos están identificados en el contexto de lo íntimo, pero si hablamos de algunas obras que sugieren esta condición, podríamos rescatar que surgen de esa experiencia que hemos compartido juntos siendo un dúo por así decirlo, que en ocasiones trabaja con relación a nuestra convivencia. Como nuestros encuentros en actos espontáneos, los cuales se han grabado, dibujado o fotografiado y que hemos involucrado en la obra. Como reciclando ese evento fragmentado de un diario solamente nuestro, en el cual se decide sugerir algo acerca de éste. Cuando hablamos del reciclaje, nos referimos al reconstruir esos apuntes de las libretas, o esos dibujos escritos sobre un papel, que es parte de nuestra rutina, ya que como en muchos casos, fragmentos de diarios son sugeridos en las obras. Y sugerir, más que evidenciar, conlleva a que la visión del espectador procure una condición voyerista, de manera que no sea violentada más allá por su exhibición; ese carácter tal vez “íntimo” compartido por nosotros, involucrándo no solamente a nosotros sino además, generando un acto reflejo en quien las mire. F.P. – L.Ch.
Las escenas que uno verdaderamente desea pintar tienen que ver con la historia íntima de nosotros mismos, los pintores. Creo que la mejor parte de acumular trabajos plásticos y el proceso por el que estos son llevados a cabo, es mirar hacia atrás y darse cuenta de que hay elementos constantes que permanecen y que vistos en retrospectiva son un reflejo de nuestros intereses, de nuestro interior. Trabajar en una obra es como materializar en varios objetos la historia de nuestra vida, que a su vez está determinada por objetos que vamos encontrando y que refieren innumerables historias. De esta manera, mi mundo plástico se va creando a partir de otras obras que a su vez van construyendo mi historia, ya sean las canciones de Billie Holiday o de Diomedes Díaz, los poemas de Jacques Prévert, la película María Antonieta o la película La Insoportable Levedad del Ser. Lo interesante es mirar de forma retrospectiva que tanto de las impresiones visuales de un artista, mezcladas con sus recuerdos, ideales y sentimientos terminan siendo el material para crear una serie de objetos que llamamos obra y que representan un fragmento de su propia historia íntima. Hice una serie de cuadros que tomé de una película estadounidense estrenada hace poco más de un año: María Antonieta, de Sofía Coppola. Me impactó la dirección de arte y la fotografía. Imágenes de zapatos, telas, flores, sombreros, abanicos, aretes, collares, vestidos, pasteles, galletas, postres y ponqués, eran demasiado para una mujer. Así fue como pensé en escoger algunas imágenes para luego pintarlas. Me imaginé en la “pajarera” o en la calle 53 –lugares de Bogotá que me encantan– escogiendo escarchas de colores, piedras semipreciosas, plumas, encajes, lentejuelas y mostacillas para introducir en mis láminas de acrílico. Ésto me daba la oportunidad de volver a hacer collage, mi técnica preferida. Con esta serie de cuadros pretendía hacer un paralelo entre los objetos que son representados en las escenas de la película y los materiales reales con los que dichos objetos son confeccionados desde hace siglos. Me pareció importante mostrar que en el retrato se puede apreciar cómo los objetos de una persona logran describirla ¿Cómo negar que nuestra historia íntima está estrechamente ligada a los objetos que usamos a diario? Frente a lo perdidos que nos podemos sentir al no encontrar nuestra auténtica intimidad construimos a menudo nuestra identidad a partir de los objetos que poseemos: cómo nos vestimos, qué coleccionamos, cómo adornamos nuestro espacio vital. La intimidad está relacionada en un momento dado con los pensamientos que tenemos. Las personas, salvo algunas afortunadas excepciones, siempre están pensando entratar de mejorar, perfeccionando mentalmente sus vidas. En el retrato pintado el único vislumbre de ésto es la mirada. Nuestra historia íntima, por definición, pertenece al interior, lo que se proyecta de ésta, lo que está en el exterior es solo un sombrío y distorsionado reflejo. Mas este reflejo si quiere ser trascendido gracias a un retrato, es preciso observarlo en los ojos. Me parece increíble cómo al pintar dos líneas curvas que se encuentran de frente, un círculo oscuro entre ella, dos minipuntos blancos (éstos son opcionales) obtienes una mirada. Los misterios en los que se sumerge el ser humano, sus frustraciones, sentimientos, pensamientos y emociones, se materializan en el retrato para abrirse a la interpretación de quienes lo observarán posteriormente. La mirada de la persona retratada se vuelve un puente entre su historia íntima y el interior del espectador. En el caso de mis retratos no importa que sea María Antonieta o la actriz que la interpreta, lo que importa es que el espectador se sienta acompañado e identificado con ellos. Reconocerse en las imágenes de otros seres humanos y acercarse a lo que sienten los otros. Ésto es lo que me parece que representa el interés que se tiene en los retratos, el ansia que se despierta al tratar de buscar el alma de las personas y saber si los otros son o no, como nosotros. La pintura es un proceso en el que me reconozco y en el que creo que el espectador puede buscar también algo de sí mismo. Los retratos son sistemas de identificación entre la persona que retrata, el retratado y quien lo observa en el ejercicio eterno en el que permanecemos los seres humanos: la búsqueda de saber quienes somos. E.C.
Este blog es un seguimiento de la exposición Historias íntimas que se realiza entre el 10 de julio y el 2 de agosto de 2008 en la Galería Mundo de Bogotá. Carrera 5 N0. 26A-19 Torres del Parque - 2322408 - 2322467
Artistas invitados
Ana María Salas Ana Mosseri Sandra Pérez Liberman Adriana Duque Andrea Rey Mauricio Ruíz Catalina Jaramillo Quijano Angélica María Zorrilla Fernando Pareja Leidy Chávez Gabriel Antolínez Eva Celín
ADRIANA DUQUE
Manizales, 1968. Maestra en Artes Plásticas de la Universidad de Caldas. En 2001 realizó el curso de especialización en fotografía digital en el Instituto Grisart de Barcelona en España. Desde 2001 ha participado en diversas exposiciones en Bogotá, New York, Miami, Santo Domingo y Taipei (Taiwán). Entre sus distinciones más importantes se encuentran: II Premio Colombo Suizo de Fotografía.(2006), Primer Premio Salón Regional de Artistas. Museo de Arte de Pereira (2002), Primer Premio Ciclo de Fotografía Alianza Francesa, Bogotá (2001) y Primer Premio XVII Salón Arturo & Rebeca Rabinovich. Museo de Arte Moderno de Medellín (1997).
ANA MARIA SALAS
Bogotá, 1980. Estudió Cine y Televisión en la Universidad Nacional de Colombia entre 1998 y 2002. En la Universidad de París 8 realizó una Maestría en Filosofía (2005) y un Master de Estudios Cinematográficos y Audiovisuales con especialidad Realización y Creación (2008).
ANDREA REY
. Bucaramanga, 1980. Maestra en Bellas Artes de la Universidad Industrial de Santander. Ha participado en exposiciones en Bucaramanga y Bogotá entre 2005 y 2006.
ANA MOSSERI HOYOS
Bogotá, 1969. Cursó estudios en Central Saint Martins College of Art and Design – Londres, en Parsons School of Design y en New York University – Nueva York, en la Universidad de Los Andes – Bogotá y en la Fundación Ortega y Gasset – Toledo en distintas disciplinas siempre relacionadas con el arte y las humanidades. Ha realizado múltiples exposiciones individuales y colectivas. Su obra ha sido registrada ampliamente en diversas publicaciones.
ANGÉLICA MARIA ZORRILLA
Cali, 1980. Maestra en Artes Visuales con énfasis en expresión gráfica de la Universidad Javeriana. Actualmente es becaria de la Maestría en Artes Plásticas y Visuales de la Universidad de Colombia. Ha participado en el Salón de la Fotografía en Colombia – Corferias, 1998, en el Primer Salón Javeriano – Museo de Arte Contemporáneo (2001) y en varias exposiciones colectivas en Bogotá. Ha expuesto sus libros de artista durante tres años consecutivos en la Feria Internacional del Libro de Bogotá – Corferias (2006–2008).
CATALINA JARAMILLO QUIJANO
Medellín, 1981. Comunicadora social de la Universidad de Antioquia. Realizó estudios en Artes Plásticas en Universidad Nacional de Colombia de Medellín. Diseñadora editorial de la Universidad Nacional Autónoma de México. Maestra en Artes Plásticas con profundización en nuevos medios de la Universidad Nacional de Colombia, Bogotá. Ha participado en exposiciones en ciudad de México y en Bogotá. Ganó el Primer Premio del Salón Cano de la Universidad Nacional de Colombia, Bogotá (2007).
EVA MARÍA CELÍN
Bogotá, 1980. Maestra en Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Colombia. Dentro de sus exposiciones colectivas se encuentran: ArtBO 2006 – Galería Entrearte, Salón Premio Fernando Botero – Fundación
GABRIEL ANTOLINEZ. Bogotá, 1980.
Maestro en Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Colombia. Ha participado en exposiciones individuales y colectivas en Bogotá y Miami. Ha sido merecedor de varias distinciones entre las que se cuentan la Primera Mención en el II Salón de Fotografía y Moda, Bogotá (2001) y mejor puntaje del jurado en la exposición Fotógrafos Jóvenes Fotosemana (2002), entre otros. Recientemente ganó el premio Nuevas Propuestas de la Alianza Colombo Francesa consistente en una residencia de estudios en Francia.
LEIDY CHAVEZ-FERNANDO PAREJA
Artistas plásticos de la Universidad del Cauca – Popayán. Han participado de manera individual y colectiva en varias exposiciones en Popayán, Cali, Bogotá y Medellín. En 2007 su trabajo recibió Mención de honor en el III Concurso de artes plásticas– Alianza Colombo Francesa, Bogotá.
MAURICIO RUÍZ DUARTE
Bogotá, 1972. Maestro en Bellas Artes de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Ha participado en varias exposiciones en Bogotá, en el VIII Salón regional de Artistas, Estación de la Sabana, Zona 9, Bogotá (1998); Primeros Premios Salones Nacionales MAMBO Ministerio de Cultura (1999) y el Salón Premio Botero 2008, Fundación Jóvenes Artistas Colombianos (2008). Actualmente es el director de la Galería de Arte Mauricio Ruíz en Bogotá.
SANDRA PÉREZ LIBERMAN. Bogotá, 1969
Obtiene el diploma en Bellas Artes, Cum Laude y Honores. Brandeis University, Waltham, Mass. En 1999 fue merecedora del premio Deborah Josepha Cohen Memorial Award, Waltham, Mass. Su obra ha estado presente en la Subasta Christie’s South Kensington Colombian art – Londres, Gran Feria de Arte – Bogotá, Subasta en la Embajada de Venezuela – Bogotá y Subasta Uniandes con asesoría de Christie’s New York – Bogotá (1998) entre otras. Entre 1994 y 2006 ha participado en varias exposiciones individuales y colectivas en Bogotá, Miami, Long Beach, Boston y Madrid.
La propuesta
Historias íntimas es una exposición colectiva que reúne obras de 12 jóvenes artistas en torno al tema de la intimidad y propone establecer un vínculo con el espectador permitiéndole reconocerse en el universo personal de otros. En esta muestra el universo personal de los artistas que participan encuentra diferentes vías de expresión. A través de sus obras nos ofrecen, de manera conmovedora e intensa, el mundo de su interioridad. Los aspectos privados, los pensamientos, las vivencias, las maneras de asumir la vida, los sentimientos, el recuerdo y la realidad cotidiana, el pasado y el presente, se aúnan en una propuesta que explora el encuentro del artista consigo mismo y con los demás.
“No había abierto los ojos hasta ese momento. Pero sentía que estaba tendido de espaldas y sin ataduras. Extendí la mano y pesadamente cayó sobre algo húmedo y duro. Durante algunos minutos la dejé descansar así, haciendo esfuerzos por adivinar dónde podía encontrarme y lo que había sido de mí. Sentía una gran impaciencia por hacer uso de mis ojos, pero no me atreví. Tenía miedo de la primera mirada sobre las cosas que me rodeaban. No es que me aterrorizara contemplar cosas horribles, sino que me aterraba la idea de no ver nada.” Edgar Alan Poe El Pozo y el Péndulo
Revista MUNDO
Historias íntimas se complementa con la edición Nro. 30 de la revista MUNDO, con interesantes artículos de los artistas expositores y la participación del crítico de arte Jaime Cerón como editor invitado.
Una historia para un video de historias Hay una mujer encerrada en una esfera de cristal. Miro y digo: "Acabo de entender que una mujer es un inaprehensible reflejo de cristal" y quisiera si no entender a las mujeres, inscribirme por lo menos en alcoholicos anónimos.
Horo.
Iba en transmilenio preparando, muy ordenadamente, todo lo que les queria decir. Lo más importante es que mostrara toda la seguridad del mundo pues eso determinaba mi credibilidad y sobretodo la seguridad que tenía respecto a lo que estaba a punto de confesar.
Lo que más me tenía tranquilo era que yo no estaba haciendo nada malo y que por eso nadie me podía juzgar, después de todo nadie tiene el derecho a hegarme la posibilidad de amar y de conseguir esa persona con la que quiero pasar el resto de mi vida. Cuando llegue a mi casa solo esperaba el momento perfecto para comentar lo que tanto estaba esperando, (que en este momento ya me pesaba como 3000000000000 toneladas y lo tenía que descargar). Me dí cuenta que el momento perfecto nunca iba a llegar y por eso lo tenía que generar yo mismo. Sin más preambulo, después de la cena, miré a mis padres y les dije. "podemos hablar de algo importante", ellos pusieron cara de "ya se pa´donde va esto". Tome aire y les dije. Soy HOMOSEXUAL.
Bernardo
Tengo la saliva espesa, mi boca ansía alcohol pero ya no quiero whisky y ya no quiero guaro, quiero estar en mi cama aunque algunas noches chupe dedo, quiero estar en aquellos tiempos y dejar de llorar cuando voy a misa, quiero gritar y no se por qué, quiero irme pero a veces quedarme o lanzar un beso al aire volteando la mirada a la derecha mientras él desaparece.
Ana Quintero
Saben me he enamorado de mi asesino! suena raro... si es demasiado extraño nisiquiera yo lo entiendo. Cada vez que lo veo enloquezco en sus brazos entregando no solo mi carne, mi cuerpo y mi alma a sus deseos y él es el cómplice de los mios... Pero se que ese día va a llegar y trato de ignorarlo pero está presente es algo ineludible pero antes debo tener unos 100´o 1´000 millones de orgasmos más. Y la vida misma me ha de sublevar paso a mi dulce muerte.
Pavla
El cielo se me hacía sospechoso, la sangre en el alcohol flotaba como cada gota de agua salada saliendo de mi lagrimal; no es una simple sensación pero me consuela que los vellos de mi piel indican la aparición de un clima nuevo en mi interior, al final sale del aire y me di la posibilidad de suspirar una vez más por él.
Laura Rodriguez
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